Las horas muertas


En la penumbra de mi estudio siempre espero la llegada de las musas, de la inspiración que me anime a seguir con mi obra, que me ayude a realizar la tarea para la que he nacido. En las sombras, aquellas esculturas inertes, horrendas en la mayoría de los casos; parecían hablarme en susurros, moviéndose lentamente entre sollozos y súplicas. Cuando recorro los pasillos de mi exposición privada, trato de no mirar a las paredes, donde están mis estatuas. Aunque me las conozco de memoria, bajo la luz de la luna que se filtra entre las cortinas, los rostros de mis figuras adquieren extrañas expresiones, los bustos se deforman hasta alcanzar grotescas muecas. Hoy estoy trabajando en la más grande de todas las obras. Desde hacía tiempo su imagen, su rostro angelical había rondado por mi cabeza, rozándome con sus finos labios. La escultura en la que me encuentro trabajando es en la de una joven de delicada belleza, tan graciosa como amable, que con sus ojos era capaz de obtener ella sola un destello de mi oscuro corazón. Ella, sonriente, toda luz y sonrisas era capaz de apaciguar, con su grácil recuerdo las angustiosas noches en las que la vigilia era mi única compañera.

Detalles del libro

Autor: Hector Anaya
Tapa blanda: 106 páginas
Editor: PR-Ediciones. (8 de abril de 2014)
Idioma: Español
ISBN-10: 841550277X
ISBN-13: 978-8415502777

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